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¡Bienvenidos a La Gran Diversión!

Fiel a su estilo, el pianista Roberto Fonseca propone este año un proyecto excepcional, una reinvención de la Cabane Cubaine, el mítico cabaret parisino de Montmartre de los años 30. Una invitación al baile al son de los embriagadores clásicos de la época dorada de la música cubana.

Si el nombre Roberto Fonseca es hoy sinónimo de la renovación de la música cubana abierta a los cuatro vientos, del hip-hop a la música electrónica, pasando por el soul y el funk, el pianista no está menos apegado al extraordinario patrimonio de la isla.

Fue en el mítico Buena Vista Social Club® donde le descubrieron durante la primera mitad de la década de 2000. Hoy, es hacia la época dorada de la música cubana que el pianista se dirige restaurando la decoración y el ambiente burbujeante del Cabane Cubaine, un cabaret donde todo París en los años 30 acudía a bailar el mambo, la rumba o la salsa.

Un viaje en el tiempo, festivo y envolvente, en el que se invita al público a participar, como una cita con el swing, la danza y la sensualidad, en un momento en el que la necesidad se siente todos los días.

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El hiperrealismo se da cita en formato música en La Villette: ¡la famosa Cabane Cubaine se apodera de la mítica sala parisina para una noche loca de baile! ¿De qué se trata?

Para entenderlo, nada mejor que unas líneas del poeta senegalés Leopold Senghor sobre “La Cabane”:  “Al pasar por la rue Fontaine, / Una quejumbrosa melodía de jazz / Salió tambaleándose, / Deslumbrado por el día, / Y me susurró su confianza / Discretamente / Al pasar frente a todo / La Cabaña Cubana. / Un penetrante perfume de negra / La acompañaba“.

Un siglo después es el perfume embriagador del talentoso pianista cubano Roberto Fonseca el que acompañará esta melodía de jazz y nos embarcará en un baile frenético.

“Al ritmo del jazz y de la música cubana, recién descubierta, la gente bailaba furiosamente, hasta el amanecer, en los doce o quince bailes del barrio”, añade el escritor Alejo Carpentier en sus Crónicas. Estamos en los años 30, y la Cabane Cubaine era el más famoso de estos cabarés en París.

Hoy en día, el concepto de salón de baile está clasificado como “actividad de ocio para mayores”, pero se ha actualizado repentinamente por la loca apuesta de Daniel Florestano, mánager del legendario Buena Vista Social Club® y actual mánager del virtuoso Roberto Fonseca. Es la idea de un viaje en el tiempo. Una desterritorialización espaciotemporal. El cálido ambiente del club de música cubana de los años 30 se instala en el mismo corazón del teatro. El objetivo: volver a poner la experiencia en la agenda. La música cubana debe atravesar los cuerpos, hacerlos oscilar en toda su sensualidad, y el protagonismo se lo da el público, la música al servicio de su público.

De partida la idea ya es atractiva. Es carta blanca para Roberto Fonseca en París, pero no sólo: también asumirá el reto en Nueva York y Cuba para una experiencia cada vez más inmersiva en la época dorada de la música cubana. El ritmo frenético de la percusión, la audacia de Fonseca, una orquesta digna del Cotton Club o del Buena Vista, el decorado idéntico al de los años 30, todos los elementos necesarios para hacer valer un público tan amplio y diverso como el que frecuentaba el Cuban Shack. Vestidos con el atuendo apropiado, Roberto y sus músicos interpretarán las embriagadoras melodías de los rugientes años treinta de Cuba, inspiradas en los grandes nombres de la época, como la pianista Lily Martínez, por citar uno.

Sepan o no los pasos de mambo, rumba vals, bolero, contra danza o salsa, vestidos con sus galas, no podrán resistir el impulso de mover las caderas al son de las melodías de quien hoy es considerado como la encarnación de la renovación de la música cubana.