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OMARA PORTUONDO – LA DIVA DE BUENA VISTA SOCIAL CLUB™

“OMARA ES CUBA”

La gira más íntima, la presencia más universal, los conciertos más arropados por sus amigos. Omara Portuondo vuelve a nuestras emociones.

“Me gusta el olor a tierra húmeda, me gusta el olor a campo”, dice Omara Portuondo… Si, si, ella, la diva cubana, la novia del filin, la artista integral que vuelve a los escenarios para abrazar a su público evocando en una galería de canciones lo que ha significado más de medio siglo de carrera, mucho más. La reina del Tropicana, la voz de las D’Aida, la diva del Buena Vista Social Club®, quiere cantarle a su tierra, a esa tierra húmeda que tanto adora con una gira bien llamada Omara es Cuba – El Último Beso.

“Nací en un país que se llama Cuba, que es palmeras, sol, arena fina, Martí, Maceo, caña de azúcar, melao, guarapo, café, ¡ese café tan sabroso que hacemos! Cuba también es son, a través del cual expresamos muchos de los elementos que definen a nuestra identidad cultural, y yo soy parte de toda esa naturaleza”.

Esa es Omara, esa es su magia negra, la maravillosa virtud de hacer de la humildad todo un encanto, de convertir una tela sencilla en un fino traje, de hacer de una canción un clásico irrepetible. En su voz están las notas de Adiós, Y Deja, Llanto de Luna, Noche Cubana, La Tierra del Son, Canción de un Festival, Veinte Años, Lágrimas Negras, Es Lo Que Me Queda Por Vivir, Son de la Madrugada, Guitarra en Son Mayor, Drume Negrita, Siboney… “Lo que me queda por vivir será en sonrisas, porque el dolor yo de mi vida lo he borrado”.

Y en esa humildad suya, en ese punto en que se aleja de la divinidad del estrellato, está la Omara íntima de esta gira única y especial. Por eso no hay detrás una gran orquesta con trombones, trompetas y saxos, sino un cuarteto con piano, bajo, batería y percusión. El virtuoso pianista Roberto Fonseca la acompaña, porque ella quiere rodearse de grandes músicos, pero también de su gente y de sus amigos de confianza. Y por eso la gira incluye una lista de invitados especiales que, aparte de estelares músicos, son sus parceros, sus panas, sus carnales, sus aseres; y hasta alguna monina, como le dicen en la campiña cubana a las amigas de siempre.

Omara es Cuba, sin duda, pero también es universal. Su nombre es sinónimo de cubanía y así la reconocen desde Alaska hasta Hong Kong. Sin embargo, la oportunidad que nos brinda esta gira íntima es única.

Fíjemonos al verla, por ejemplo, en sus manos. Sus manos están en constante movimiento, porque resalta con ellos los sentimientos que expresa su voz, y lo hace porque ella fue bailarina en sus inicios. Fijémonos en las expresiones de su rostro. Gesticula, se sorprende, se conduele, sonríe, porque ella fue actriz en la lejana Habana de los años 50. Fijémonos en su voz. Bueno, mejor, cerremos por un instante los ojos y escuchemos el subir y bajar de sus tonalidades, sus inflexiones, su vasta gama vocal heredada del filin, que era, entre otras cosas, una forma de cantar bolero con estilo blues.

Y fijémonos, atención, en su picardía y su sencillez.

Una noche de septiembre de 1993 en Cienfuegos, Cuba, antes de ser conocida hasta en los rincones más alejados del planeta, Omara compareció ante su público, y como quien no quiere la cosa, empezó a improvisar. Comenzó con una canción de siempre y siguió recogiendo estrofas de diferentes sones. Ancló en una guaracha que decía: “ese revolver que tu tienes no tira na”, y se acercaba a cada mesa para jugar con el doble sentido y guiñarle el ojo al auditorio.

La gira Omara es Cuba – El Último Beso recoge lo mejor de su obra musical. Una ocasión imperdible para ver en escena a una leyenda sin igual.