Español

Si las voces búlgaras son el vehículo de una cultura y de todo lo que le es intrínseco, si esta condición sine qua non es el secreto del alcance y la potencia de sus voces, la interpretación del coro búlgaro no deja de renovarse. Como si la voz milenaria necesitara afinarse a lo largo de los siglos. Un poco de contexto político primero, éxito deslumbrante, encuentros afortunados, tantos reajustes que dan lugar a una asombrosa singularidad y a un carácter tan ecléctico como el de las Nuevas Voces Búlgaras. Llamadas inicialmente Le Mystères des Voces Búlgaras por el hombre que las descubrió, el etnomusicólogo Marcel Cellier, o El Coro Femenino de la Televisión Estatal Búlgara durante la Guerra Fría, estas pevitza  o solistas, elegidas originalmente en las aldeas por su extraordinario talento, han sido formadas al más alto nivel desde los años 50. Pero para el joven coro de las Nuevas Voces Búlgaras, ya no hay contradicción entre la reapropiación del canto del pueblo y su desterritorialización… Esto no sonará extraño a los oídos del joven pianista cubano, que desde muy joven, al otro lado del Atlántico, martilleaba el piano con sus deditos todo el día, seguía una formación tan rigurosa como la del prestigioso Instituto Superior del Arte de La Habana, y se convirtió en el instigador de la apertura de la música cubana.

El nuevo coro nos ofrece verdaderas visiones con el disco “Al Este del cante” grabado con el cantaor Arcángel y premiado con un GRAMMY® en 2018 al mejor álbum de flamenco. Su director, Georgi Petkov, es quien ha apostado por fusionar el folclore búlgaro con otras tradiciones: tras la experiencia española junto a Enrique Morente, explorará el lado de Italia con Adriano Celentano, Portugal con Antonio Zambujo, o la tradición de Tuva con The Tuva Voices, por citar algunos ejemplos.

De momento, bastará con escuchar estas voces búlgaras con sus melodías ancestrales empujadas alegremente por Roberto Fonseca, que a veces toca el piano de forma percusiva, a veces nos subyuga con la delicadeza de su digitación, para saber de qué se trata. El reto no es entenderlo, sino experimentarlo. Entonces se alcanzará la meta; una cultura que perdura, voces que no dejan de regenerarse, una experiencia cada vez más cercana a lo universal. El reto no será entenderlo, sino vivirlo.

Los cantantes con sus voces polifónicas aparecerán por primera vez en el escenario acompañadas por Roberto Fonseca trío y animadas únicamente por sus voces. Cantan a capella, la música no está a su servicio, pero son ellos los que están al servicio de la música, y siempre lo han estado. Roberto Fonseca no podría haber sido mejor elegido para sublimar la ingeniosa dicotomía del belcanto y las disonancias microtonales de las voces búlgaras, para acompañar a este coro con sus cánones difónicos, al que sus diversas proezas no dejan de dar la mística del canto femenino. Esta es, sin duda, la hermosa sincronización que reúne en el escenario a estos dos referentes de la World Music por un lado (categoría que, como sabemos, se inventó en parte para ellos) y del Jazz cubano, del que Roberto es la efigie. Esta última ya había hecho vibrar en Marciac la voz de Fatoumata Diawara y, a través de ella, los ecos de África en toda su riqueza musical y espiritual. El álbum en directo At Home, publicado en 2015 y producido in situ, da fe de ello. Asimismo, seis años antes, grabó el álbum Akokan con la voz de la sublime caboverdiana Mayra Andrade. Y en 2019, la participación de la estrella emergente del rap cubano, Danay Suárez, en su último disco Yesun. Además de estas divas, otros prestigiosos invitados habrán colaborado con Roberto en la escena del jazz, como el saxofonista Joe Lovano, ganador de un GRAMMY®, y el trompetista franco-libanés Ibrahim Maalouf.

Este año, el pianista cubano se volcará en Oriente y seguirá interpretando un repertorio que ha pasado de generación en generación. Ya era hora de que los que comparten el mismo destino se reunieran en el escenario. La historia de las Nuevas Voces Búlgaras y la de Roberto están ciertamente ligadas en la actualización de un repertorio popular, en un contexto político que se protege de las influencias culturales externas, pero sobre todo en una majestuosa apertura de la primera. Si Roberto encarna la audacia de Cuba, el hombre que, por ejemplo, se permitió interponer el swing de los años sesenta entre la percusión de la “descarga” cubana, las Nuevas Voces Búlgaras, animadas a promover la tradición, inventaron un género extremadamente moderno y sofisticado. Más tarde se convertirían en un rayo de sol en Inglaterra cuando la moda era el “post-punk”, una atmósfera oscura con tendencias melancólicas. Con su música ombliguista, las voces búlgaras aportan alegría y consiguen seducir a las grandes estrellas. Desde David Byrne hasta Gorillaz, pasando por el ex Beatle George Harrison, Bowie, U2, Kate Bush, Jean-Jacques Goldman, Drake y recientemente Ibeyi, las composiciones revisadas del coro búlgaro y las de Roberto Fonseca y su banda serán dirigidas por el director Georgi Petkov.

Se acabaron los discos y los títulos, ¡su actuación en directo es incomparable!